Curioso me parece, cuanto menos, que cataloguen a una momia como de segunda clase, tal como afirma El País, por varias y distintas razones:
La primera, es que en la arqueología no hay nada de segunda clase, ya que todo puede aportar luz, ya sea medio vaso, las estatuillas infinitamente más valiosas de Tutankatón, o un dibujo en una pared. Otra cosa es el valor monetario que le vayamos a dar a las cosas…
La segunda, y quizás aún más importante, es que se trata de unos restos humanos, y por ende, hay que tratarlos con el respeto y el cuidado que se merecen, ya que posiblemente, una gran cantidad de personas en el mundo, y más concretamente en Egipto, desciendan de ellos.
Diferente es si estamos hablando de la funciones que ejercieron esas personas estando en vida, pero aún así no hay clase primera o segunda, sino más bien, clase alta, clase media, clase baja o esclavos, pero claro, esto en cuanto a poder adquisitivo se refiere.
¿Qué pensarías si lees en un periódico un “No, tranquilos, no son tan importantes los restos que han intentado robar, sólo son los de dos personas de clase media, no de ningún rey, presidente, o ministro”? Yo no me sentiría nada mejor, la verdad. Es más lo entendería aún menos, y la razón es muy sencilla: Si hubiesen intentado robar los restos de algún gran personaje de la historia, seguramente adquirirían un gran valor en el mercado negro, pero… ¿una momia de segunda? ¿Cuantas veces menos valdrán que la de los bisabuelos de Tutankatón? Que por cierto, sí son de primera clase, ya ves, aunque no reinasen nunca.
Aunque claro, también me estoy dejando en el tintero cosas de tremenda importancia: ¿A quién se le ocurre la idea de ir a un museo a robar restos humanos? ¿No sería más lógico robar piezas más pequeñas y de oro, plata o piedras preciosas? Seguro que son infinitamente más disimuladas. Pero, sobre todo, ¿Dónde estaban las fuerzas del orden, o el ejercito egipcio? ¿Proteger uno de los museos más importantes del mundo no tiene prioridad?

